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Las megaciudades en los países en vías de desarrollo pueden ayudar a ganar la batalla por nuestro clima

LIDERAZGO DE PENSAMIENTO

21 de septiembre de 2022

Por Mafalda Duarte, Directora General de los Fondos para Inversión en el Clima

© fitopardo / Getty Images

La Cumbre Mundial de Alcaldes del C40 marca un momento crucial para que quienes toman las decisiones se unan en una causa común y le hagan frente a los enormes retos a los que se enfrentan nuestras ciudades y nuestro mundo.

Como directora ejecutiva de los Fondos de Inversión en el Clima (CIF, por sus siglas en inglés)  ––uno de los mayores fondos multilaterales del mundo para la búsqueda de soluciones climáticas en el mundo en desarrollo–– el mensaje que envío a alcaldes y líderes de todo el mundo es sencillo: canalizar la inversión en las ciudades de los países de renta baja y media será crucial para afrontar la crisis climática.

Las ciudades contribuyen significativamente a la crisis climática. Producen el 60% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y consumen el 78% de la energía mundial. A finales de este siglo, cerca del 85% de la población mundial estará en centros urbanos, según la OCDE.

Sin embargo, las ciudades son también algunas de las mayores víctimas del cambio climático. Sus infraestructuras de hormigón empeoran las olas de calor y las lluvias torrenciales. Su proximidad al mar y a las grandes masas de agua ––históricamente una ventaja–– provocará efectos más desastrosos por la subida de las mareas. "Sin importar cuánto se caliente el mundo", advierte un informe de Bloomberg de 2021, "las ciudades lo pasarán peor".  

Las ciudades de los países en desarrollo se enfrentan a enormes riesgos, ya que miles de millones de personas viven hacinadas y los gobiernos locales carecen de recursos y fondos para adaptarse a la crisis climática y mitigar sus efectos. Ya hemos visto impactos devastadores en megaciudades como Mumbai y Lagos, y el riesgo solo aumentará. La urbanización en los países de ingresos medios y bajos ha aumentado un 50% desde 2010 y seguirá haciéndolo.

Los países en vías de desarrollo están encaminados hacia consumir el 70% del suministro energético mundial en 2040,  experimentar el 97% del crecimiento de la población mundial entre 2013 y 2030 y representar el 60% del PIB total para 2030. También albergan ciudades pequeñas y medianas en rápido crecimiento que serán las megaciudades del futuro, las más vulnerables al cambio climático. Sin embargo, estas mismas ciudades son la clave para lograr un progreso significativo en materia de clima en todo el mundo.

 

Aerial view of Lagos city with buildings and a tree-lined road with cars
Foto: © Mayowa Koleosho / EyeEm
 

La OCDE calcula que debemos invertir 90 billones de dólares de aquí a 2030 en infraestructuras urbanas sostenibles, incluyendo energía, transporte, agua y otros activos. Dos tercios de esta inversión deben realizarse en países de ingresos medios y bajos. 

Mientras las ciudades siguen lidiando con las secuelas de una pandemia de tres años y la inestabilidad mundial, puede ser tentador para alcaldes y líderes volver a la "normalidad". Pero mantener las fuentes de energía heredadas y las formas tradicionales de hacer negocios solo aliviará las presiones a muy corto plazo. 

Ese no puede ser nuestro horizonte. El desarrollo urbano tiene una oportunidad única de catalizar una transición. Esta puede hacer frente a la amenaza del cambio climático al construir ciudades inteligentes desde el punto de vista climático, impulsar una recuperación equitativa de la pandemia y alejarnos del monocultivo y de los elevados precios de las materias primas impulsados por la inestabilidad mundial y la guerra en Ucrania. 

Si lo hacemos bien, podemos garantizar que las megaciudades del futuro ––y a su vez las naciones en desarrollo–– eviten las infraestructuras y la tecnología con altas emisiones de carbono. Pero solo tenemos una oportunidad para hacerlo bien y el momento de actuar debe ser ahora.

¿Cómo lo conseguimos? En los CIF hemos aprendido algunas cosas tras más de diez años de experiencia en la financiación de soluciones climáticas en el mundo en desarrollo. En primer lugar, el camino debe comenzar con el acceso a una financiación sostenible e innovadora. Esto implica ayudar a las ciudades pequeñas y medianas a atraer capital, a pesar de la histórica falta de acceso al crédito o a otras formas de ingresos. Pero el reto no es solo la financiación. Las limitadas capacidades técnicas, institucionales y de gobernanza de algunos gobiernos municipales también frenan la inversión en infraestructuras climáticamente inteligentes.   

Necesitamos intervenciones holísticas que ofrezcan un paquete de apoyo completo, desde el diagnóstico hasta la planificación y la financiación, así como planes personalizados basados en los puntos fuertes y las necesidades de cada ciudad. En Beira, Mozambique, eso significó una mejora del sistema de drenaje de aguas pluviales ––lo que supuso una reducción del 70% del riesgo de inundaciones––, así como 7.000 árboles nuevos, un jardín botánico, zonas de manglares rehabilitadas e infraestructuras recreativas. Estas iniciativas han aumentado la resistencia a los fenómenos meteorológicos extremos en Beira, al tiempo que han mejorado la calidad de vida de sus residentes. 

En Bangladesh hemos trabajado con las ciudades para construir refugios contra ciclones, carreteras de acceso de emergencia, puentes y sistemas de suministro de agua y saneamiento. En conjunto, esto ha hecho que las infraestructuras vitales sean más resistentes y también ha ayudado a apoyar a las ciudades costeras cercanas.


Side view of man leaning on railing overlooking a river in Dhaka, BangladeshFoto: © Farhan Turjo / EyeEm

Este es el tipo de trabajo que hemos aprendido en los CIF y es la fuerza motriz de una nueva plataforma de inversión que estamos desarrollando para acelerar el desarrollo urbano inteligente, desde el punto de vista climático, en las economías emergentes. 

En última instancia, la infraestructura climáticamente inteligente es una de las mejores inversiones que puede hacer cualquier ciudad. Estos proyectos estimulan las economías locales, ponen en marcha nuevos mercados y sirven de catalizadores para fomentar la financiación del sector privado. 

Son una pieza crucial para cualquier ciudad que quiera salir más fuerte y resistente de nuestras crisis. Y en el caso de las megaciudades del futuro ––que están a punto de dispararse en población, uso de energía y PIB–– las infraestructuras seguras desde el punto de vista climático son cruciales para ayudarnos a alcanzar los objetivos del Acuerdo de París y salvar nuestro planeta.  

Todas las personas ––alcaldes, funcionarias y funcionarios electos, líderes empresariales, personas filantrópicas y residentes de zonas urbanas de todo el mundo–– tenemos un papel que desempeñar en la construcción de las ciudades equitativas y sostenibles del futuro. No hay tiempo que perder.

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